Uno de los iconos navarros y, sin duda, parte fundamental de la “Navarra Espiritual” es el Castillo de Javier; cuna de San Francisco Javier, patrón de la Comunidad Foral. Hasta este lugar llegan miles de peregrinos cada año en marzo durante las Javieradas. 

Está situado en la Navarra Media a poco más de 50 km de Pamplona. Es una fortaleza medieval de finales del siglo X cuyo origen está en una torre de señales, la torre del Homenaje. Su estratégica ubicación de frontera entre los reinos de Navarra y Aragón, acrecentó su sentido de fortaleza y en torno a la torre se fueron edificando los distintos cuerpos del castillo.

Ha registrado diversas restauraciones y reconstrucciones por lo que su estado es magnífico. Es uno de los pocos castillos que conservan su puente levadizo, sus defensas y otras estructuras. 

El castillo

En el siglo XI, Esabierre era una torre defensiva aislada, situada en el límite entre los reinos de Navarra y de Aragón. El infante Fernando de Aragón entregó la villa y la fortaleza al rey de Navarra Sancho VII el Fuerte en 1223 como garantía de un préstamo que no devolvió, por lo que Javier se incorporó definitivamente al reino de Navarra. Su sucesor, Teobaldo I encomendó la fortaleza a Adán de Sada en 1236, de cuyo linaje pasó posteriormente a los Azpilicueta y a los Jasso. El 7 de abril de 1506 nació en él Francisco de Javier. Tras la conquista de Navarra a mano de las tropas castellanas, fueron derruidas las partes defensivas y quedó convertido en un simple caserón.

  • Torre del homenaje. En el patio de armas sobresale la torre sobre la rocosa peña. Fue entregada en garantía por un préstamo a Sancho el Fuerte en 1223 y ya nunca más devuelta.
  • Fosos y puentes levadizos. El castillo dispone de un amplio sistema de defensa dotado de saeteras, matacanes, almenas, torres, camino de ronda, murallas exteriores, fosos y dos puentes levadizos sucesivos que lo convertían en un inexpugnable bastión en tierras fronterizas.
  • Patio de armas. Es la parte central del castillo en torno al cual se distribuían las estancias para el acuartelamiento de la tropa.
  • Interior. Para facilitar la visita, el castillo está musealizado. Las antiguas caballerizas distribuidas en tres pisos, contienen objetos de arte, cuadros, grabados, importantes documentos y una maqueta a escala de la fortaleza. En la Sala Grande, se puede comprobar cómo era la vida en el castillo además del Oratorio, la Capilla de San Miguel y la habitación del Santo donde vivió San Francisco hasta que en 1525 se trasladó a la universidad de París, para luego emprender su aventura evangelizadora por África y Asia.

  • Capilla del Santo Cristo. Detrás de una verja encontramos el Cristo de Javier, una imagen gótica del siglo XVI tallada en madera de nogal. En las paredes hay pinturas medievales que representan la danza de la muerte.

Basílica

En el lugar que los padres de San Francisco Javier construyeron el llamado Palacio Nuevo para las habitaciones de la familia, con el tiempo se construyó una pequeña Iglesia como memoria de que allí había nacido el santo. La Duquesa de Villahermosa, descendiente de la familia de Javier, encargó al arquitecto Ángel Goicoechea la construcción de una nueva Basílica entre 1896 y 1901. En su pavimento se señalan los muros del Palacio Nuevo y se ha colocado una placa recordando el lugar del nacimiento de Francisco.

La portada es de estilo neo-románico, contiene en el tímpano los nombres de los distintos lugares de Europa, África y Asia que recorrió Francisco. En los capiteles se han tallado diversas escenas que ilustran la vida del santo. Por su parte el altar mayor resalta la gran imagen de San Francisco Javier de J. Suñol, flanqueada por doce santos jesuitas.

La cripta, construida bajo la iglesia para salvar el desnivel del terreno, contiene los monumentos sepulcrales de los Duques de Villahermosa y de la familia Goyeneche.

El principal edificio público incorporado en este momento clave fue el foro, una gran plaza abierta edificada sobre una amplia terraza del cerro y una serie de estructuras a dos niveles.

San Francisco de Javier

Patrono de Navarra, patrono universal de las misiones y de la juventud, Francisco, el joven navarro de carácter decidido y valiente, es el gran evangelizador del s.XVI. San Francisco Javier nació en el castillo en 1506 siendo su padre, Juan de Jasso, Señor del castillo, quien participó en las guerras contra la invasión castellana de Navarra.

Cuando estudiaba en París, se unió al grupo de san Ignacio. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó al Oriente. Evangelizó incansablemente la India y el Japón durante diez años, y convirtió muchos a la fe. Murió el año 1552 en la isla de Sanchón Sancián, a las puertas de China.

Javieradas

Durante los primeros dos fines de semana de marzo, coincidiendo con la Novena de la Gracia, cientos de peregrinos de toda Navarra inundan las carreteras que conducen al Castillo de Javier para venerar al Santo y patrón de Navarra. En unos predomina el espíritu deportivo y en otros el religioso, pero lo que nunca falta es el buen ánimo, necesario para recorrer los más de 50 kilómetros que en el caso de Pamplona le separan de Javier.

El origen de estas marchas se remonta al siglo XIX. En 1885, una epidemia de cólera asoló la región y la Diputación Foral invocó a San Francisco Javier para que librara al pueblo navarro de aquella terrible enfermedad, ofreciendo a cambio la promesa de que todos caminarían en procesión si se cumplían sus ruegos. El Santo respondió a la súplica, y fue así como nació esta popular tradición que hoy conocemos con el nombre de “Javierada”.

Tras la larga caminata todos los peregrinos se reúnen en la explanada del Castillo para celebrar una emotiva misa presidida por el arzobispo.

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